lunes, 20 de mayo de 2013

EXPERIENCIAS POSITIVAS: Mi abuelo era un mago


Aceptar la muerte de un ser querido es un trance difícil, porque implica la fractura de un vínculo especial con una persona que fue importante en nuestra vida. Cuando un ser querido se nos va sentimos un vacío inmenso a nuestro alrededor, casi como una amputación de algo invisible e intangible en lo más profundo del alma. No es fácil asimilar que esa persona ya no está, ya no existe, ya no volverá a sentarse a tu lado ni hablará con cariño para ti. Sin embargo, debemos centrarnos en lo que hemos tenido y no lamentarnos por lo que hemos perdido. ¿Qué hemos ganado con esa amistad? ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué huellas ha marcado esa persona en nuestro corazón? Nadie debe olvidar que cuando la aventura de una vida llega a su fin, a los demás todavía les quedan los recuerdos...